Para el ser humano el tiempo nunca es neutro. Nosotros sentimos el tiempo más de lo que lo entendemos. Los seres humanos no experimentamos el tiempo como un reloj, sino que lo hacemos a través de la espera, la alegría, la anticipación, aunque también a través de la ansiedad, la pérdida, pero sobre todo, y con mayor énfasis, a través de la memoria y el deseo. Para nosotros el tiempo se convierte en afecto vivido antes que concepto pensado. San Agustín lo decía así: el tiempo n
Cuando una cultura deja de hacerse preguntas, comienza a implosionar en silencio. No preguntar no es neutral: es retroceso. Este ensayo explora cómo las “preguntas mariposa” —interrogantes pequeñas pero decisivas— pueden transformar destinos personales y civilizatorios.